Fundada en 1955, la empresa chilena ha evolucionado desde la industria del caucho hacia múltiples sectores productivos, consolidando un modelo basado en relaciones de largo plazo, servicio técnico y una cultura familiar que proyecta su continuidad.

Con 70 años de trayectoria, Amster es una de las empresas chilenas que ha logrado consolidarse en el tiempo a partir de una combinación de especialización y cercanía con sus clientes. 

Fundada en 1955 en Santiago, la compañía inició sus operaciones como representante de Polysar en Chile, enfocándose en la industria del caucho, y desde ahí comenzó un proceso de crecimiento y diversificación que la ha llevado a participar en múltiples sectores industriales.

Hoy, la empresa –ubicada en Quilicura– se dedica a la importación, comercialización y distribución de materias primas e insumos químicos para industrias tan diversas como construcción, plásticos, pinturas, alimentos, minería y papel, entre otras. Este desarrollo ha estado marcado por una constante: el foco en el servicio y el acompañamiento a sus clientes.

“Si ellos crecían, nosotros crecíamos”, resume Salvador Arce, presidente del directorio de Amster, destacando una filosofía que ha guiado el desarrollo del negocio durante décadas. “Tenemos 70 años y, nuestra representada más antigua, lleva 68 años con nosotros. Siempre son temas a largo plazo”, ejemplifica.

De la industria del caucho a la diversificación

El origen de Amster está estrechamente ligado a la llegada de su primera representada. Fue Enrique Amster quien, con la representación de Polysar, comenzó a desarrollar el negocio en Chile, inicialmente enfocado en el rubro del caucho. Con el tiempo, Salvador Arce se incorporó a la empresa, pasando de la venta a la gerencia comercial y luego a la sociedad y a la propiedad, consolidando así el traspaso hacia la familia.

A partir de esa base, la compañía comenzó a expandirse hacia nuevas industrias, impulsada por la especialización técnica, el conocimiento del cliente y una relación de confianza construida en el tiempo. “Entender lo que los clientes necesitaban y acompañarlos en sus desarrollos fue clave en este proceso”, señala el presidente del directorio.

La empresa ha apostado por relaciones de largo plazo tanto con sus representadas como con sus equipos. Tanto así que parte importante de sus colaboradores ha desarrollado toda su carrera en la organización. “Hay gente que se ha jubilado con 40 años de trabajo”, destaca Salvador Arce.

Este crecimiento también se ha reflejado en su infraestructura. Desde una pequeña oficina en el centro de Santiago, la compañía evolucionó hacia nuevas instalaciones en Las Condes y Quilicura, incorporando bodegas, flota de distribución y sistemas que permiten mejorar la eficiencia operativa y el servicio al cliente.

Cultura de servicio y decisiones estratégicas

Uno de los elementos centrales en la evolución de Amster ha sido su posicionamiento como un socio estratégico más que como un simple proveedor. A diferencia de modelos más transaccionales, la empresa ha optado por una venta consultiva, donde el foco está en aportar valor al cliente a través de soluciones técnicas, capacitación y acompañamiento.

“Tratamos de que el precio no sea la decisión de compra, sino que pase a un segundo plano”, explica Arce. En ese sentido, el objetivo ha sido demostrar que el costo total para el cliente –considerando procesos, eficiencia y resultados– es más relevante que el precio de adquisición de una materia prima.

Este enfoque se apoya en un fuerte desarrollo interno, con equipos especializados capaces de dialogar técnicamente con los clientes, además de sistemas de gestión, certificaciones de calidad como ISO 9001 y herramientas tecnológicas que han ido incorporando progresivamente.

En paralelo, la compañía ha mantenido un compromiso con la seguridad, la prevención de riesgos y el entorno, incorporando estándares y prácticas que buscan resguardar tanto a sus trabajadores como a sus clientes y comunidades cercanas.

Empresa familiar y mirada de futuro

Amster se encuentra hoy en su segunda generación, con la participación de los hijos de Salvador Arce –José Luis en la gerencia general y Rodrigo en administración y finanzas– en la gestión de la compañía. En los últimos años, también se sumó otro miembro de la familia, un sobrino llamado Francisco Abrego, en un área clave: la gerencia de mantención, que va de la mano de los controles de la Seremi, prevención de riesgos, recursos humanos.

Sin embargo, conscientes de los desafíos que implica la continuidad de una empresa familiar, han definido reglas claras para el futuro. La compañía cuenta con un protocolo familiar que limita el ingreso de nuevas generaciones a cargos ejecutivos, privilegiando la profesionalización y estableciendo exigencias concretas para acceder a posiciones de liderazgo.

“Creemos que en el directorio deberían concentrarse algunos de los nietos, pero ser director también debe tener cierta exigencia, no es solo por apellido”, dice Salvador Arce, subrayando la importancia de avanzar en temas de gobierno corporativo y gobierno familiar como parte de la sostenibilidad del negocio.

En esa línea, su incorporación a FEC responde precisamente a la necesidad de fortalecer estos ámbitos. “Nos dimos cuenta de que hay muchas realidades familiares más complejas de lo que uno imagina, y queremos anticiparnos”, explica.

De cara al futuro, la empresa identifica oportunidades de crecimiento tanto en Chile como en el extranjero, incluyendo su presencia en Perú y el desarrollo de nuevas líneas de negocio, como compuestos de caucho y plásticos. Al mismo tiempo, enfrenta desafíos asociados al contexto internacional, como la volatilidad de precios, los problemas logísticos y la incertidumbre en las cadenas de suministro.

En este escenario, Arce destaca que el principal activo sigue siendo la relación con clientes y proveedores. “Cuando hay confianza, es más fácil enfrentar momentos complejos”, señala.

A lo largo de sus 70 años, Amster ha construido una cultura basada en “el compromiso, el respeto por la palabra empeñada, el cumplimiento con las normativas y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace”, detalla el presidente del directorio. Valores que, según explica, han heredado a su segunda generación. Una base que, según su propia visión, será clave para proyectar la empresa en las próximas décadas y asegurar su continuidad como empresa familiar. 

“Hay un compromiso desde la gerencia, los directores y la jefatura en que el foco no es solamente generar y producir; sino que también velar por nuestra representada y por nuestros clientes, que al final son los que hacen que esto crezca”, concluye Salvador Arce.