Tres décadas, más de 4.500 proyectos y un sueño que cruzó la cordillera: la historia de Manuel Viera y de la firma que está llevando el sello chileno de la minería al mundo, con tecnología de vanguardia y conciencia por el planeta.

Saladillo, cordillera de los Andes. Hace 33 años, entre la nieve y el silencio de la montaña, un joven ingeniero tomó la decisión que cambiaría su destino: dejarlo todo y empezar de nuevo. De aquel acto de fe nació Metaproject, una compañía chilena que hoy reúne a más de 300 profesionales, opera en cinco continentes y ha desarrollado más de 4.500 proyectos en minería, energía, infraestructura y transporte. Una historia que comenzó con siete ingenieros en una pequeña oficina y que hoy se proyecta como un referente global de la ingeniería latinoamericana.

“Desarrollamos todo el ciclo virtuoso de la minería”, dice Manuel Viera, fundador y CEO de Metaproject. Fundada en 1992, la firma se ha consolidado como un actor estratégico en ingeniería conceptual, básica y de detalle, así como en administración de la construcción e inspección técnica de obras. 

Su fórmula combina rigor técnico, talento humano y una visión que va más allá del negocio: la convicción de que cada proyecto debe dejar el planeta mejor de como lo encontró.

De un sueño en la nieve a la conquista de cinco continentes

Los primeros pasos de Metaproject estuvieron marcados por la confianza de gigantes: Codelco Andina la acompañó durante casi una década, y poco después llegó Chuquicamata, el coloso del cobre que sigue siendo aliado estratégico hasta hoy. Lo que comenzó como un emprendimiento de siete ingenieros se transformó en una red de oficinas en Santiago, Calama, Rancagua y el Biobío, con operaciones que hoy se extienden a Perú, Ecuador, Argentina, México y Turquía.

El hito más reciente y simbólico ocurrió en Turquía, donde Metaproject se adjudicó un proyecto EPC de níquel-cobalto, convirtiéndose en la primera empresa chilena en lograrlo en ese mercado. Una proeza que confirma una verdad que Viera repite con orgullo: el talento chileno no tiene fronteras. “Afuera somos todos iguales”, es la frase con la que resume su filosofía de competir de igual a igual con las grandes firmas del mundo.

Hoy la compañía opera bajo el paraguas de Metaproject Group, un holding que reúne a diez empresas y avanza con paso firme hacia mercados como España, Vietnam, Marruecos y Egipto, con la mirada puesta en Asia Pacífico. Y mientras la organización se internacionaliza, también se transforma por dentro: Viera anuncia que este podría ser su último año al mando, dando paso a una nueva generación que llevará el legado más lejos. “Este debería ser mi último año a cargo”, confiesa, con la serenidad de quien siembra para que otros cosechen.

Ingeniería con conciencia planetaria

En un mundo donde la sostenibilidad ya no es una opción sino una urgencia, Metaproject ha dado un paso adelante con un concepto propio: la ingeniería con concepción planetaria. Una filosofía que entrelaza el desarrollo de proyectos con el respeto por los ecosistemas, las comunidades y las generaciones que vendrán.

“Cuando hacemos ingeniería, tenemos que ser conscientes de cuidar el planeta”, afirma Manuel Viera. Esta convicción se traduce en gestos concretos: proveedores con altos estándares ambientales, eficiencia energética, tecnologías limpias y un cuidado quirúrgico por el territorio. Pero también en algo más profundo: el valor compartido planetario, una idea que pone en el centro a las comunidades. 

Capacitación, empleo local y modelos pioneros como la agrominería –donde la actividad minera y la agricultura conviven en armonía– son apenas algunos ejemplos de cómo Metaproject está reescribiendo las reglas del juego.

“Se trata de que convivan los distintos actores y de que las comunidades también se beneficien del desarrollo”, explica el CEO. El objetivo es claro y ambicioso: una minería más sostenible, más humana, con licencia social genuina. Una minería que no pida permiso, sino que se haga querer.

El desafío de industrializar Chile

Para Manuel Viera, el gran reto del país no está en sus minas ni en sus mercados, sino en su tejido productivo. Chile dice necesita romper la dependencia de tecnologías y bienes de capital importados, fortalecer a sus proveedores locales y creer más en lo propio. La ingeniería chilena, asegura, tiene ventajas competitivas notables: talento, conocimiento y costos. Lo que falta, a veces, es la confianza para apostar por ella en los grandes proyectos.

Con esa convicción, Metaproject está abrazando la revolución digital: inteligencia artificial, machine learning y digitalización integral ya forman parte de su ADN operativo. La meta para los próximos cinco años es ambiciosa: consolidar la presencia internacional, integrar ingeniería y construcción a través de alianzas estratégicas y llevar el sello chileno a Marruecos, Egipto y más allá. “Queremos llevar la experiencia chilena a otros mercados”, expresa Manuel Viera.

Familia, legado y futuro

Detrás del CEO hay un padre, un esposo, un visionario. Metaproject es, en su esencia, una empresa familiar donde su señora y sus dos hijas también construyen el futuro. “Trabajar en familia tiene pros y contras”, reconoce Viera con una sonrisa, destacando el valor de los protocolos claros para que la convivencia generacional florezca sin tensiones.

Hace más de seis años que Metaproject forma parte de FEC Chile, una decisión que va más allá de la membresía: es una declaración de identidad. “Somos una empresa familiar y nos sentimos representados”, afirma. Y agrega una verdad que muchos olvidan: “El crecimiento de Chile está sustentado en empresas familiares”. Empresas que perduran, que generan empleo, que dejan huella.

Las cifras de Metaproject lo confirman: 33 años de trayectoria, +300 profesionales, +4.500 proyectos ejecutados, diez empresas en el holding. También cuenta con operaciones en cinco países y está expandiéndose, y se dedica a los sectores de minería, energía, infraestructura y transporte.

Treinta y tres años después de aquella decisión en la nieve, la apuesta de Manuel Viera sigue intacta: hacer ingeniería que mueva montañas, pero también que cuide el suelo donde se posan. Una ingeniería que cruza océanos sin perder su origen. Una ingeniería que mira al planeta como su único cliente real.