Con más de 80 años de historia, esta empresa dirigida por la tercera y cuarta generación de la familia Reutter impulsa la Fundación Colorearte, un proyecto educativo que hoy impacta a miles de niños y profesores en todo Chile.

En 1915, el inmigrante alemán Juan Reutter Frommknecht abrió la droguería Reutter Limitada en Santiago. Con el paso del tiempo el negocio fue evolucionando y desarrolló la línea de colorantes textiles.

La empresa comenzó comercializando colorantes para teñir ropa, importados desde Suiza y vendidos en una pequeña caja metálica dorada que con los años se transformó en un clásico en los hogares chilenos.

En 1986, bajo la segunda generación, se separaron las actividades y nació formalmente Anilinas Montblanc.

Hoy, más de cuatro décadas después, Anilinas Montblanc es liderada por Patricia Reutter, representante de la tercera generación, junto a sus hijos Felipe y Karen. Pero además de consolidar la empresa, la familia ha impulsado un proyecto con fuerte vocación social: la Fundación Colorearte.

La magia del color en la educación

Hace 21 años nació Colorearte como una iniciativa vinculada a la empresa, con el propósito de aportar a la educación chilena a través del arte y el color. En 2018 se constituyó formalmente como fundación y, desde entonces, su impacto no ha dejado de crecer.

“Se puede hacer un cambio e influir en la educación a través del color, porque este es mágico”, afirma Patricia Reutter, quien hoy preside el directorio de la fundación.

Rosario Woodyatt, directora ejecutiva y nuera de Patricia, explica que el objetivo es claro: “Llevar el arte y el cuidado del medio ambiente a todos los niños y niñas de Chile a través de un programa que apunta a su bienestar y el desarrollo de habilidades claves para el mundo de hoy como la creatividad, colaboración y pensamiento crítico”.

La fundación desarrolla programas educativos donde el arte es el centro del aprendizaje, promoviendo una experiencia interdisciplinaria que integra contenidos curriculares con creatividad.

Su principal iniciativa es el Proyecto Colorearte, de alcance nacional, que invita a estudiantes y docentes a crear una obra colectiva en torno a temáticas medioambientales. En 2025, el programa llegó a 17 mil niños y mil profesores en todo Chile.

La comunidad se moviliza

Para participar, los docentes asisten a un webinar de bienvenida donde se explica la metodología y luego inscriben sus cursos. Pueden sumarse varios equipos por colegio, en distintas categorías según edad, y de todo tipo de establecimiento.

Los profesores que participan –principalmente de Arte o de Ciencias– lo hacen de manera voluntaria. Reciben herramientas digitales, un libro guía y acompañamiento durante el proceso.

“Colorearte quita la barrera del arte, porque el teñido de tela involucra a toda la casa”, explica Rosario. “Tiene beneficiarios directos e indirectos: las familias, auxiliares, la comunidad escolar completa. Se genera un movimiento donde acercamos el cuidado del medioambiente de forma orgánica”, dice Rosario.

Cada año se elige una temática distinta. Han trabajado sobre humedales y semillas, entre otros temas. Patricia lo resume así: “Esto permea más allá de lo que uno cree. Un niño que aprende la importancia de las abejas nunca las vuelve a matar, porque entiende su rol en la polinización. La comunidad entera se involucra, porque los niños llegan a sus casas con el mensaje”.

Una experiencia integral

El proceso culmina con la creación de una obra final, teñida por los propios estudiantes, lo que genera un fuerte sentido de pertenencia y trabajo en equipo.

En términos pedagógicos, la fundación cuenta con apoyo experto en el desarrollo de contenidos. Además del libro y los recursos digitales, han creado el podcast Conversaciones Colorearte –disponible en Spotify y YouTube– que aborda tres ejes: desarrollo integral infantil, educación artística y aprendizaje basado en proyectos.

“Buscamos que todo converse entre sí: el libro, el podcast, los materiales digitales y la temática anual. Es programa redondo”, señala Rosario.

El proyecto también destaca por su inclusión. Participan colegios especiales cuyos estudiantes compiten en igualdad de condiciones. “No hay discriminación positiva. El arte y el teñido son un medio de expresión real para todos”, agrega.

Crecer para llegar a más niños

En sus inicios, el proyecto fue financiado en un 100% por Anilinas Montblanc. Sin embargo, su crecimiento ha hecho necesario sumar nuevos apoyos.

Hoy la fundación busca inversionistas y aliados que quieran aportar –ya sea de manera mensual o con aportes únicos– para ampliar su alcance y asegurar la continuidad de los programas.

“No podemos pretender un país distinto si no tenemos una mejor educación”, subraya Patricia.

Actualmente cuentan con alianzas relevantes: Chilexpress apoya con envíos solidarios para las cajas educativas; la Tintorería Pedro de Valdivia provee telas; Turbus facilita los traslados de los niños, profesores y apoderados para la ceremonia de cierre; y Anilinas Montblanc aporta los colorantes, fondos y apoyo logístico.

Una empresa familiar con propósito

La historia de Anilinas Montblanc demuestra cómo una empresa familiar puede trascender su actividad productiva e impactar en la sociedad combinando continuidad, innovación y compromiso con el país.

Quienes quieran conocer más o sumarse a esta iniciativa pueden visitar colorearte.cl y ser parte de un proyecto que demuestra que el color también educa.