Desde un pequeño negocio en Iquique hasta una compañía con más de cien colaboradores, la familia Gattoni Guarache enfrenta hoy un desafío distinto al del emprendimiento inicial: profesionalizar la empresa.

A comienzos de los años noventa, en Iquique, el matrimonio formado por Arturo Gattoni y Mónica Guarache inició un pequeño negocio de artículos de seguridad. El contexto ayudaba: la actividad pesquera y los primeros proyectos mineros comenzaban a dinamizar el norte.

El inicio fue modesto. “Partimos con cuatro o cinco personas en una casa particular, en una pieza de cuatro por cuatro”, cuenta Arturo. El nombre de la empresa, GyG, proviene precisamente de los apellidos del matrimonio fundador.

Con el tiempo, los clientes aumentaron y la compañía fue creciendo gradualmente: hoy cuentan con más de cien colaboradores y una operación consolidada en el suministro de vestuario corporativo y elementos de protección personal al rubro minero industrial.

Durante años el desarrollo fue natural, sin grandes saltos. “Fuimos de poco a más”, resume el fundador, quien ahora dirige la empresa junto a sus tres hijos: María Ignacia, Valentina y Thomas.

De emprendimiento a organización

El cambio más significativo ocurrió cuando la empresa dejó de funcionar como microempresa familiar y adoptó una estructura organizacional. María Ignacia explica que ese proceso se consolidó hacia 2009, cuando implementaron sistemas y comenzaron a ordenar la operación.

Luego vino un segundo hito: la incorporación de la segunda generación. Primero entró ella, luego Valentina y posteriormente Thomas. Con ello comenzó una etapa distinta. Arturo afirma: “Con la incorporación de mis hijos hemos avanzado bastante”.

Valentina señala que ha sido un proceso de profesionalización constante. La empresa implementó sistemas de gestión, migró a plataformas tecnológicas y reforzó sus procesos internos para adaptarse a las exigencias del mercado.

Cada uno asumió áreas distintas: Valentina en finanzas, María Ignacia en ventas y Thomas en importaciones y compras. “El negocio ha andado bien, hemos crecido bastante”, dice Thomas.

Desarrollo impulsado por cambios

El crecimiento de la compañía tuvo varios hitos, pero uno particularmente significativo ocurrió tras el fallecimiento de la madre. “Mi papá decidió que las decisiones se tomaran entre los cuatro”, explica Thomas.

Ese cambio permitió mayor rapidez en la toma de decisiones y abrió nuevas inversiones. A ello se sumó la adjudicación de un contrato relevante con la minera Quebrada Blanca, hoy su principal cliente.

También influyó la profesionalización financiera. “Empezamos a mirar los números de otra forma y a planificar con más información, lo que disminuyó el riesgo de invertir”, comenta Valentina.

La ubicación en el norte, lejos de ser una limitación, ha sido una ventaja competitiva. “Para nuestro rubro es estratégica, porque trabajamos principalmente con minería”, explica Thomas, mencionando operaciones en Iquique, Antofagasta y Calama.

Hoy el foco está en expandir ventas, abrir nuevos puntos comerciales, automatizar procesos e incorporar indicadores de gestión. “Queremos reforzar el equipo comercial y avanzar en automatización y capital humano en paralelo”, señala Valentina.

Trabajar en familia

El próximo desafío es contar con protocolos formales que separen empresa y familia, algo que hoy todos identifican como necesario. María Ignacia subraya el valor de alinear criterios: “Cuando juntamos las cabezas logramos que la información decante y llegamos a consensos”.

Otro de sus objetivos es el gobierno corporativo y la planificación. Aún no han definido formalmente la sucesión, pero ya iniciaron la conversación. “Son temas que tenemos que revisar y dejar claros, es importante hablarlo abiertamente”, comenta Thomas.

Valentina coincide: la preparación es clave incluso más allá del traspaso generacional. “Tenemos que dejar las cosas lo más avanzadas posible. No solo por la sucesión, también por planificación y buenas prácticas”. Para Arturo, ordenar la estructura también puede ser beneficioso para la organización en general, tanto “estructuralmente como laboralmente”.

El valor de compartir experiencias

La incorporación a FEC surgió por iniciativa de Valentina, quien buscaba apoyo en gobierno corporativo y administración de Empresas Familiares. “Me sentí representada por los casos y referentes que trabajan con FEC”, explica. Thomas y María Ignacia lo ven como una oportunidad de crecimiento: “Podríamos tener mucho más éxito si estuviéramos aún mejor organizados”, dice María Ignacia.

Arturo también identifica la necesidad de asegurar que la organización continúe más allá de las personas. Valentina está de acuerdo: “Nos hemos puesto en la posición de qué pasaría si no estamos. La empresa tiene que seguir y dejar un legado”.