La historia de empresas Dumay no comenzó con un plan de negocios ni con experiencia técnica. Comenzó con una decisión personal. Al fundador, Carlos Dumay, simplemente “le gustaban los fierros”, recuerda su hijo, también llamado Carlos. No quería ser empleado y optó por la independencia.
Así, sin mayor conocimiento mecánico, instaló un pequeño taller en un garaje donde el foco inicial fue exclusivamente la reparación de vehículos. Con el tiempo, el negocio empezó a crecer y también la relación de sus hijos con la empresa.
Durante la infancia, las vacaciones familiares tenían una rutina particular: cada mañana Carlos y su hermano Cristián acompañaban a su padre al taller. “Volvíamos a la hora de almuerzo, pero ahí se generó el bichito. Este es un negocio que a uno le tiene que gustar; hay que entenderlo y conocerlo”.
El vínculo se transformó en trabajo. Cuando su hermano Cristián terminó el colegio se fue directamente a trabajar a la empresa. Carlos, por su parte, estudió afuera y luego se incorporó mientras cursaba estudios nocturnos. Paralelamente, la industria automotriz chilena comenzó a desarrollarse con mayor fuerza desde fines de los años setenta, lo que permitió el crecimiento del negocio familiar.
Hoy las responsabilidades están divididas: el área de ventas de vehículos nuevos y usados está a cargo de Carlos; el servicio técnico, seguros, desabolladura y pintura lo lidera Cristián, con el apoyo de sus otros dos hermanos menores, Jean Paul y Michael, incluyendo áreas tecnológicas y sistemas.
El paso a la segunda generación
El traspaso desde el fundador a los hijos no ocurrió de manera abrupta ni formalizada desde el inicio. Se fue dando naturalmente, aunque no exento de diferencias.
Con los cambios en la industria –financiamiento, seguros y mayor complejidad del negocio– llegó un momento en que el padre dejó de comprender completamente el funcionamiento del mercado. Hace alrededor de 15 años atrás, los hijos del fundador asumieron la conducción directa.
“Tomamos el negocio con una visión distinta, lo que es lógico cuando llegan nuevas generaciones”, señala Carlos Dumay. Atribuye parte del éxito a dos condiciones internas: pueden discutir sin pelear y sin rencores, y mantienen una relación abierta con sus colaboradores.
La empresa conserva baja rotación de personal, algo que consideran clave para el servicio. “Cuando los clientes vuelven, encuentran a las mismas personas que los atendieron al comprar el auto”.
Reputación y profesionalización
Para la familia, hay un principio inalterable: la reputación. “Nunca podemos traicionar la confianza de un cliente”, explica Carlos. La transparencia en el trato y la forma de trabajar forman parte central de su cultura.
En esa línea, incorporaron procesos de profesionalización, entre ellos la certificación ISO 9001 impulsada por el menor de los hermanos. Considera que más que un elemento de marketing, valida la forma de trabajo y la actualización permanente de la empresa.
También establecieron reglas claras para evitar conflictos: ningún familiar ingresa a trabajar solo por ser pariente. “Las personas deben entrar por sus competencias. Si no, el problema termina siendo doble: laboral y familiar”, afirma Carlos.
Hoy cuentan con un directorio integrado por los hermanos y directores externos, además de asesorías especializadas según necesidad. Las decisiones relevantes se conversan previamente, lo que permite un funcionamiento ágil.
Preparar el futuro
Actualmente la familia trabaja en estructurar la siguiente etapa, donde no necesariamente la continuidad recaerá en hijos o nietos. “No porque alguien sea hijo tiene derecho a trabajar en la empresa. Debe tener capacidades, entender el negocio y gustarle”, señala Carlos. En este escenario, incluso consideran la posibilidad de que la administración quede en manos de ejecutivos profesionales, mientras la familia permanezca en roles de directorio.
El objetivo es avanzar hacia una administración centralizada y un gobierno corporativo más formal en los próximos años. “Las empresas se vuelven más complejas y hay que buscar directores estratégicos”, señala, “la industria automotriz evoluciona día a día”.
Una industria exigente
El rubro automotriz presenta barreras importantes: altas inversiones, infraestructura especializada y fidelización de clientes a largo plazo. Por ello, Carlos indica que el crecimiento ha sido gradual: “Nuestro foco siempre ha sido crecer paso a paso, sin saltos grandes”.
El año 2025 no fue fácil, explica, debido a tasas de interés altas y mayores restricciones de financiamiento, lo que afectó la renovación de vehículos. Para 2026 esperan una leve mejora y abrirse a tomar otra marca aparte de las que ya tienen, aunque sin grandes expansiones del mercado.
El valor de la empresa familiar
Dumay pertenece desde hace algunos años a Familias Empresarias de Chile (FEC), buscando la posibilidad de conocer experiencias de otras empresas y comparar realidades. “Las Empresas Familiares tienen dolores parecidos. Compartir experiencias es lo más valioso”, dice Carlos.
Tras décadas en la industria, resume su identidad en una idea simple: orgullo por continuar un proyecto iniciado por su padre, sin conocimientos técnicos, logrando participar en una industria altamente competitiva a nivel país y Latinoamérica.
También ve un rol más amplio. “El emprendimiento nace en la familia. Con el apoyo familiar el negocio crece, y eso forma parte del tejido económico del país”.