El Presidente de FEC Mediación y profesor del Programa Intensivo de Gobierno Familiar, Benjamín Trajtman, reflexiona sobre los desafíos de la comunicación y la anticipación en las Empresas Familiares.

Cuando Benjamín Trajtman salió de la universidad pensó que su camino sería el de cualquier ingeniero: mejorar procesos, productividad y eficiencia. Sin embargo, su primera experiencia laboral –trabajando en la fábrica de confecciones de su propia familia– terminó marcando toda su trayectoria.

“Yo proponía mejoras, pero nunca recibía un feedback. Ahí entendí que trabajar en familia no es solo un tema de gestión, sino de relaciones”, recuerda. Más tarde participó en sociedades con parientes y, posteriormente, en su consultora –con más de cuatro décadas de experiencia– comenzó a atender principalmente Empresas Familiares. Fueron los propios clientes quienes le pidieron intervenir en situaciones delicadas: incorporación de hijos, diferencias entre hermanos o sucesiones mal preparadas. Así se fue especializando en mediación.

Calidoscopio familiar

Hoy es gerente general de CENAC Group, autor de cuatro libros, consultor de Familias Empresarias de Chile y profesor del curso de mediación del Programa Intensivo de Gobierno Familiar. Desde esa experiencia sostiene que cada organización es muy distinta, pero comparte un patrón: “La familia es un calidoscopio. Creemos que todo está ordenado, pero alguien nace, alguien se retira, alguien muere, entra una nueva generación y el equilibrio cambia permanentemente”.

Según el experto en mediación, la mayoría de los conflictos no surge por dinero, sino por comunicación, expectativas o historias acumuladas. “A veces no es la plata: es el resentimiento por años de sentirse postergado. Si eso no se aborda, termina afectando la empresa”. De hecho, estima que solo una minoría logra evitar tensiones relevantes. “La mayor parte de las Empresas Familiares tendrá conflictos; la diferencia está en cómo se gestionan”.

Por eso insiste en el valor de la anticipación y prevención para evitar la fractura. Los momentos críticos suelen repetirse: sucesión, ingreso de nuevas generaciones o retiro del fundador, entre una docena de posibles variables. “He visto dueños que anuncian su salida tres veces y al lunes siguiente vuelven, porque no confían en que la empresa quedará en buenas manos. No es mala voluntad: es inseguridad”, afirma.

Planificación estratégica emocional

Su trabajo consiste en intervenir como tercero imparcial para tomar una especie de fotografía de cada uno, esclarecer situaciones, generar diálogo y diseñar procesos en pro de la solución. En algunos casos se trata de coaching individual; en otros, de dinámicas grupales orientadas a mejorar la comunicación. “Desde dentro muchas veces no se puede resolver. La familia está emocionalmente involucrada y la gente oculta mucho sus emociones”, explica.

Esa es precisamente la base de su módulo en el programa de FEC: entregar herramientas en base al análisis de casos prácticos. Benjamín Trajtman adapta los contenidos según los participantes, analiza su generación y contexto, y propone ejercicios para mapear relaciones, establecer acuerdos y prevenir crisis. “Así como existe planificación estratégica financiera, debería existir una planificación estratégica emocional”.

A su juicio, la diferencia entre una empresa familiar y una no familiar es sustancial. “Puedes aplicar todos los conceptos de administración, pero aquí necesitas especialización. Es como pasar de médico general a especialista. Cuando no se entiende eso, el fracaso es muy probable. En las Empresas Familiares no basta saber de negocios: hay que saber de personas”, advierte.

Las familias empresarias

El programa está dirigido a directores, consejeros y también a miembros de familias empresarias que quieran prepararse y personas interesadas en dar asesorías a Empresas Familiares. “En los directorios aparecen temas familiares: frustraciones, dolores, expectativas. Si no sabes manejarlos, afectan la toma de decisiones”, afirma.

La relevancia trasciende a cada compañía. En Chile, explica, una gran parte de los puestos laborales dependen de Empresas Familiares. “Cuando una empresa familiar se destruye, no solo pierde la familia: se pierden puestos de trabajo y se genera un impacto a nivel de empleo en el país”.

Para el presidente del capítulo de mediación FEC la clave de la continuidad no es única, pero sí clara: cultura, preparación y prevención. “Hay que formar a las nuevas generaciones, generar acuerdos y conversar antes de que estalle la crisis. El conflicto no siempre es negativo: bien gestionado puede ser una oportunidad para fortalecerse”. Y concluye: “Las Empresas Familiares muchas veces no fracasan por falta de negocio. Fracasan por falta de conversaciones y comunicaciones activas y comprometidas”.